Asociación de Sistemas de Retención Infantil

¿Por qué?



Estamos aquí para hacer visible un problema que ha permanecido oculto a ojos del consumidor, y del que ningún niño está exento, como no lo estuvo nuestro hijo. Nos estamos refiriendo a la ineficacia de los sistemas de retención infantil orientados al sentido de la marcha en niños menores de 4 años, siendo la opción a favor de la marcha la menos segura a cualquier edad y, para cualquier persona.

Si los mismos que instan a la sociedad a llevar el cinturón de seguridad del coche nos dijeran que sólo va a proteger a tres, o como máximo cinco de cada diéz que lo utilicen ¿qué pensaríamos? Pues eso es lo que podemos esperar de las sillitas que llevan nuestros niños en el coche cuando estas se instalan a favor de la marcha y les sujetan con un arnés o con un escudo.

¿Por qué luchamos?




Una silla de auto es un Sistema de Seguridad Pasiva diseñado para los pasajeros más pequeños, que se compra de manera independiente al vehículo, y su propósito es el de proteger, no sólo retener, a sus usuarios de las posibles leseiones derivadas de un accidente.

La adquisición de la silla de auto al margen de la del vehículo, obliga a los consumidores a elegir de entre 15 ó 20 fabricantes (con varios modelos cada uno) una silla; interpretar las instrucciones sin margen de error e instalarla sin supervisión, con independencia de su nivel cultural o formación, ya sean padres, madres o abuelos.

Por todo ello, la adquisición y uso correcto de una silla de auto no resulta nada sencillo, salvo para aquellos que sean ingenieros especializados en sistemas de retención infantil, vendedores o fabricantes. El resto de la población queda expuesta a formar parte en algún momento de esa estadística que determina que los padres son, por lo general, los responsables de las lesiones o fallecimientos infantiles. Porque los niños viajaban haciendo un uso “inadecuado” o "erróneo" de su SRI, según nos cuentan.

Para evitar que esto suceda, desde el 1 de octubre de 2015, no usar la silla de acuerdo a como indica el manual de instrucciones puede acarrear, en el mejor de los escenarios, una multa de 200 euros y la retirada de hasta 3 puntos del permiso de conducir, y en el peor la pérdida de tu propio hijo (como consecuencia de un error propio) en la que se considera como principal causa externa de mortalidad y morbilidad infantil, en España y en otros muchos lugares, como México o el estado de Texas (EE.UU.).

Desde que hace más de diez años en nuestro país se impusiera la obligatoriedad de utilizar Sistemas de Retención Infantil (SRI) se ha potenciado el uso de dispositivos en los que el riesgo de sufrir lesiones graves o incluso mortales se encuentra entre un 50% y un 70%, distrayendo a los padres españoles de la existencia y pertinencia de sillas cuyo nivel de eficacia se calcula entre el 80% y el 100%: Los sistemas a contra marcha.

La herramienta utilizada para todo este despropósito ha sido (y sigue siendo) la publicación semestral o anual de unas evaluaciones realizadas a diferentes modelos de sillas por la empresa alemana ADAC y que reciben el nombre de “Eurotest”.

La difusión de los resultados Eurotest en España corre a cargo de RACE y RACC, así como de la Asociación de Consumidores y Usuarios OCU. La evidente presencia de elementos subjetivos, unida a la ausencia de criterios médicos, hace que desde el punto de vista estricto de la lesión sus conclusiones sean completamente inútiles. No obstante dichos rankings son presentados al consumidor como si de evaluaciones objetivas y fiables de seguridad se tratara.

La silla en la que viajaba Gabriel fue elegida en base a los eurotest publicados durante los años 2010, 2011 y 2012. Las lesiones de Gabriel nunca se hubieran producido de haber viajado en una silla instalada al contrario del sentido de la marcha.

Diferentes modelos que permiten mantener esta posición (ACM) hasta al menos los cuatro años obtuvieron en los eurotest de aquellos tres años las calificaciones de “insatisfactorio” o “muy insatisfactorio”, eliminando por completo la posibilidad de que los padres de Gabriel se plantearan la adquisición y uso de cualquiera de ellos. Ya que como la mayoría de los padres entonces y ahora, fían la seguridad de sus hijos e hijas a las difusiones que estas asociaciones promueven, creyendo falsamente que estas difusiones tienen como propósito divulgar los dispositivos más seguros y que más las lesiones de sus usuarios eviten en caso de accidente, sin explicar claramente que no es así. Si no que son otros los criterios que más valor tienen a la hora de realizarlos.

En España, de los niños fallecidos anualmente como ocupantes de un vehículo en edad de usar sistema de retención infantil, aproximadamente un 35% de ellos no llevaba ninguno en el momento del accidente, lo cual nos lleva a la irremediable conclusión de que el 65% restante sí que lo llevaba y que el sistema de protección instalado no resultó eficaz. Esto normalmente se atribuye a errores de uso por parte de los padres, bien porque utilizan el dispositivo equivocado o bien porque, aún siendo el adecuado, se producen errores de instalación o ajuste. Pero ¿realmente es debido a este motivo o son las sillas las que no cumplen el objetivo para las que en teoría fueron diseñadas?

Aceptemos, tal como apuntan los expertos en sistemas de retención infantil según los datos que manejan, que el 32,5% de los casos en que la protección falló fue debido a errores de instalación y que el restante 32,5% fue consecuencia de las limitaciones para conseguir el fin para el que fueron diseñadas las sillas. La pregunta es obvia ¿no resulta terriblemente preocupante que, en cuanto a los citados datos, obtenidos en estudios estadísticos contrastados, sea tan probable la desprotección real del pequeño usuario al llevarlo en ese tipo de sillas como no llevarlo en ellas?

Yendo a cifras más concretas, durante al año 2015 el 70% de los niños fallecidos utilizaba un sistema de retención infantil; también lo hacían el 88% de los heridos.